Hyrule, o Paine?

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Hace un par de meses nos cambiamos a Paine junto con mi pareja (localidad ubicada al sur de Santiago de Chile, es un pequeño pueblo de alrededor de 60.000 habitantes), y la verdad es que hay algo que nos llama la atención, quizás es normal en un lugar de estas características pero no deja de gustarnos.
Con Nalvia (mi novia) somos fans de la saga de Zelda y quizás eso ha ayudado a la percepción de que vivir acá se parece mucho al juego. Acá todo es pequeño, a una escala muy personal y humana, no es raro conversar con todo el mundo, los días se parecen mucho uno tras otro, hay un equilibrio entre la naturaleza, típica del campo y la sensación de que para conseguir pertrechos hay que ir al “pueblo”. Hay entre otras cosas un proveedor de quesos, un taller de bicicletas, un mercado abastecido por comerciantes que viajan de pueblos cercanos junto con una especie de centro urbano con alcaldía, centro cultural, biblioteca, policía, correos, cancha deportiva, todo junto y cruzado por un canal, con su bello reloj y el pasar constante de trenes que van del norte a sur sin parar en todo el día. Las vías del tren están llenas de “animitas” iluminadas para guiar a las almas en pena que hayan tenido la mala suerte de cruzar los rieles en un momento inoportuno.
Los chinos del supermercado son desconfiados pero venden barato. El instructor del dojo de karate es muy querido por acá y enseña por etapas, no es llegar y que a uno le regalen los cinturones, lo mismo que el espadachín que le enseña al héroe de Hyrule.
Si se quiere sacar copia de una llave hay que tener suerte y saber a que hora ir al kiosco, el dueño es llevado a su idea y solo abre de vez en cuando y a ciertas horas. Muchas cosas se venden en la calle, incluyendo el esquivo camión del gas licuado. Un vendedor de tomates promete pasar todos los días, a la misma hora, con su carretón, si uno falla y llega un poco mas tarde, hasta el otro día no más. Mismo caso para la taberna, no se deja entrar mujeres ni desconocidos pero tras una breve conversación uno se hace intimo de la señora que atiende y en ese caso hasta terremoto se puede conseguir de manera clandestina. Situación más llamativa aún es la venta de leche, es fresca, recién sacada, no hay que llevar botella, pero se acaba rápido y solo hay una vaca. Igual que al pequeño Link, toda la gente cuenta sus problemas y las cosas que se deben hacer, ahí ya es cosa de uno ver si se ayuda en algo. Incluso la veterinaria del pueblo es muy despistada y parece un personaje sacado de un cuento, parece ser una persona inocente, un poco sorda, pero que ama mucho a sus pacientes.

Finalmente uno no recibe corazones ni premios especiales, pero se convive de una forma que en Santiago ya habíamos dejado de practicar.
No estaríamos extrañados de ver unos gorones por acá, las similitudes son varias y creo que nos falta seguir avanzando.
Buena semana a todos!

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