Santiago, no me suenas a nada.

santiago

Generalmente tengo la oportunidad de recorrer las calles de Santiago, usar sus distintos  sistemas de transporte cómo el Transantiago y el Metro, viajar en automóvil, a veces una bicicleta. Sin embargo la forma de viajar que más me gusta es el de simplemente caminar por sus calles, mirar para todos lados, la mayoría de las veces acompañado por la música de forma aleatoria entre varios estilos que hay en mi celular.

Si ando en plan reflexivo, me vienen varias ideas influenciadas entre el sonido de la música  y la ciudad, la estética de calles, casas edificios, como se comportan las personas que transitan, en fin varias cosas. Si suena el “abbey road” de los Beatles me queda claro que más allá de un par de calles, esta ciudad poco tiene de Londres, poco que ver con el entorno clásico de las sinfonías de Mozart, nada del progresismo de Yes, del virtuosismo de Rush, o de las múltiples caras de Queen… en esto no hay nada nuevo, somos habitantes de una ciudad de latinoamérica y claramente no tenemos porque estar musicalizados por sonidos o creaciones de otras latitudes. El problema para mi viene cuando suenan canciones de este lado del mundo, ahí me entra la contradicción vital. Santiago no tiene casi nada del mundo idílico y profundo de Los Jaivas, las reflexivas verdades sociales de Víctor Jara, la rabia y rebeldía de los Prisioneros (los hippies, los punks, el rock, el hip hop han tenido la ocasión!), el mensaje directo de Violeta Parra, los ritmos de la banda Conmoción, el Congreso es demasiado porteño, de Valparaiso, universal… solo en puntos específicos tengo la sensación de que Santiago podría ser representado por una música (s) en particular. Es probable que ninguna cultura o sociedad (considerar que en una sociedad deben haber cantidades enormes de distintos grupos sociales!) pueda ser representada directamente por una serie de canciones o estilos, ya sean doctos, populares, folclóricos, o de raíz indígena o autóctona. Pero es inevitable relacionar el trabajo de Tchaikovsky con la helada imagen de Rusia, o los nocturnos de Chopin con Polonia. Así mismo en sudamérica relacionamos los san juanitos con Ecuador o la música andina con Perú y Bolivia, la samba con Rio de Janeiro, el son con la Habana… incluso la imagen de Buenos Aires muestra el tango desde la nostalgia. Pero Santiago, no me recuerdas ni me suenas a nada.

Es demasiado idealista mi punto? es posible, el arte no necesariamente está obligado a representar una zona o las personas  que conviven en un lugar. El arte simplemente es libre, pero incluso el folclore de esta parte de Chile no me evoca a nada de Santiago. Pienso que esta es una ciudad bastante rara. Un desarrollo económico que beneficia a varios pero no a todos, un crecimiento de infraestructura desordenado, veloz. Una segregación de barrios y poblaciones, sectores de negocios, zonas industriales… supongo que esto es común en muchas grandes ciudades pero pienso que colabora en la indefinición musical identitaria de la capital de Chile. Esto ha transformado la ciudad en un refrito de muchas cosas, un Chile que fue, que es y que será motivado por tantas cosas distintas que difícilmente unan en un sonido a la ciudad. En muchas otras partes de Chile (ej la isla de Chiloé) un par de melodías nos indican inmediatamente donde estamos. Acá no me ha pasado nunca.

Es probable que mi percepción de este tema se deba a mi ignorancia en términos musicales, a que mi listado de canciones sea muy escueto u otra cosa que no puedo ver, “oír”.

Lo que si tengo claro, es que cuando me saco los fonos o apago mi música no me gustan los sonidos de la ciudad. Normalmente la contaminación no nos deja ver la hermosa postal de la cordillera de los Andes que si bien no suena, ilumina la vista. Una ciudad llena de millones de autos, bocinas y cierta indiferencia entre los habitantes me invitan a caer en el mismo problema, cierto tipo de egoísmo: buscar refugio en mis canciones.

Quizás lo mejor sería juntar a la mayor cantidad de músicos y estilos, que su música suene en todas partes y momentos. Tal vez esa mezcla poco definida nos da una mejor idea de la ciudad.

Incluso así, es probable que Santiago no me suene a nada.

 

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