Colo Colo, su historia y su gente

Colo-Colo es una historia de lucha y sacrificio, de barro y pan duro y el que no la entienda no puede meterse en esa historia”.

Marcelo Pablo Barticciotto.

No soy futbolero, pero la historia de Chile va atada a la historia de este club, representante de la alegría y la tristeza del pueblo (no ese termino que ocupan maliciosamente los políticos, si no ese grupo que se define como tal, el obrero, el estudiante, el trabajador, la dueña de casa, el niño que corre tras un balón, el intelectual, el viejo que se acuerda de los hermanos Robledo y tantos más) . Quizás sean palabras demasiado idílicas para los mercantiles tiempos que corren, pero la leyenda de esa camiseta blanca sigue estando en el corazón de la mayoría de las personas. No es una moda. Es salir campeón en la quiebra, es levantarse después de la muerte del gran capitán, es “picar desde atrás”, es ser la mitad más uno, es que el nacional repleto grite “se pasó, se pasó”, es ser el mejor de América, es disfrutar “el té más dulce y la marraqueta más crujiente”, es llorar al bajar la “30”, es amanecerse para ver al equipo ser campeón en Japón y también para sufrir con la derrota en la copa Intercontinental, es disfrutar la anécdota del banderín del “Cabezón” Espina, es la cuna de las más lindas historias futbolisticas (y sociales) de nuestro país. Es recorrer los extremos del país y encontrar a alguien vistiendo una vieja casaquilla alba. He visto compatriotas trabajando la tierra vestidos con la gloriosa camiseta, tan lejos como la carretera Austral. Desde que tengo uso de razón (esto me lo podría discutir un historiador u otro experto) jamás este pueblo fue más feliz (basado en expresiones sociales, “callejeras”) que cuando se recuperó la democracia y cuando Colo Colo fue campeón de América el 91 y con ello alcanzó la inmortalidad. Había que salir a las calles para entenderlo. Salí con mi madre y mis hermanas y vi como caminando, en bus o en el auto de un desconocido miles celebraban ese momento, bajando desde Recoleta hacia todas partes. Recuerdo que esa noche del 5 de Junio del 91 la gente caminó desde sus casas a celebrar ese logro, creo que muy pocos chilenos no fueron un poco colocolinos esa noche. La mayoría cantó de “Arica a Magallanes”. Después de tantas noches negras que quedaban atrás en Chile, todos dormimos con el mejor sueño colectivo que podemos tener.
No es chovinismo. Es hablar de historia y presente. Y ojalá de futuro. No olvidar que hace un par de años, un grupo de hinchas (y ciudadanos) se puso como meta honrar la memoria de David y así recuperar el club.
No se porqué me levanté más colocolino que de costumbre, quizás recordar tantas alegrías (y también penas, de eso se trata la vida), además de leer la frase del gigante Barticciotto me hizo salir una sonrisa.
Buenos días!

idolos colocolo

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